
“Muchas veces conozco gente y ellos están como: “Wow, eres muy agradable”, dice la radiante Amy Lee, vocalista de los etéreos cazadores de mapas Evanescence. “¿Habrán pensado que yo sería una perra sólo porque no salgo sonriendo en la carátula del álbum?”. Si todo lo que conoces de Amy Lee es su penetrante mirada matadora, su fantasmal traje victoriano, y el pisoteo de unas botas aplasta-cráneos largas hasta el mentón, entonces estás muy lejos. La mujer que una vez cantaba sobre soñar en oscuridad y dormir para morir como en “I dream in darkness, I sleep to die” se describe rápidamente a si misma como una “persona feliz” y “libre de dramas”. En el escenario ella es un abominable tornado de vida eterna y muy segura de sí misma, pero al estar en privado admite: “Es muy raro que la atención se centre en ti todo el tiempo, desde que uno se levanta hasta cuando me arreglo el cabello o me maquillo; todo el día dando entrevistas acerca de ti mismo y de tus más profundos pensamientos. No soy de esas celebridades a las que al fin y al cabo les encanta esa atención. Apesta cuando es todo acerca de ti, todo el tiempo.
“Vamos, todo eso no es real.” Dice ella, “Nadie pensaría que yo era la chica más sexy del Metal si no me hubiera puesto un montón de maquillaje y hubiera tenido a todo un equipo trabajando en mi toda la mañana, te lo garantizo”.
Este otoño, su banda lanza Evanescence (Wind-up), su primer álbum en cinco años, mezclando magistralmente su obsesión de por vida con el pulso cósmico de la música electrónica, con una inspiradora versión tipo himno de elevaciones vertiginosamente desesperanzadas.
Mientras la máquina promocional avanza implacablemente, Lee no tiene más que reír con la idea de ser el Sex symbol más visible del Heavy Metal. “Ayer estábamos viendo el primer corte del video musical (y primer single) What You Want”, dice ella, “lo estaba viendo con los chicos, y estaba esa escena donde salgo con cara de mala caminando en el puente de Brooklyn, y Tim (McCord, bajista) se empezó a reír”. Estás haciendo esas caras realmente sexys de malvada y luego te volteas haciendo ji ji ji, riéndote para ti misma, porque es tan sobre-actuado”. “Supongo que sería fácil lograrlo, si es eso lo que realmente importa para ti, si sólo querías ser famoso y querías que la gente te amara de una manera superficial sin conocerte en realidad”, continúa Lee, “pero creo que lo que les gusta de mi a los fans, es específicamente que no me tomo eso tan en serio, que en verdad no me creo el ser tan genial. Lo que soy la mayor parte del tiempo, es el estar sentada en pijama hasta las 4 de la mañana, sin maquillaje, en el estudio, craneando nuevos y raros sonidos”
Lee se ve a sí misma notablemente diferente de esa persona gótica y enormemente melodramática. Y esa es parcialmente la razón por la que en el 2007, pareció haberse ido de la faz de la tierra, dejando atrás a una de las bandas más comercialmente exitosas de la última década. “Había estado completamente obsesionada con Evanescence desde que era una adolescente” dice Lee con ahora 29 años, quién empezó en la banda en Little Rock, Arkansas; en 1995. “Supongo que de alguna forma, sentí como que eso se había llevado un poco mi identidad y tenía que romperlo y ser yo misma, simplemente vivir una vida normal como un adulto”
Gracias a Evanescence Chile